Viernes, 06 Julio 2018 19:51

“No se pierda tanto, mijita”: Don Pablito a su nieta

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“No se pierda tanto, mijita”: Don Pablito a su nieta "Don Pablito" (Q.E.P.D.) y su nieta María Paula Rodríguez

 

Por: Maria Paula Rodríguez Múnera

Así se despidió de mí el sábado 24 de junio. Sabía que estaba malito, pero como en la clínica dijeron que se lo llevaran para la casa, jamás imaginé que en cuestión de dos semanas se le fuera a agotar la vida. Luchó contra enfermedades cardiacas, autoinmunes, cirugías riesgosas y cáncer. No se lo llevó ninguna de esas. Se lo llevó un virus que se le complicó, y aunque luchó en medio de su inconsciencia, ya no pudo más.

Mi abuelito nació en una finquita en Miraflores, Boyacá. Nunca fue a la Universidad. Venía de una familia humilde y muy grande. Se fue a Bogotá en busca de oportunidades, donde trabajó haciendo los mandados de una droguería durante mucho tiempo y más adelante tuvo la oportunidad de montar una, y otra, y otra, todas sin éxito. Un día, un amigo lo invitó a un pueblito de Casanare y por una falla aérea resultó parando en Yopal. Salió a conocer, y quiso arrendar un localcito que le llamó la atención. Fue así como en 1973 dio un giro que no estaba predestinado y marcó en mi destino la fortuna de ser llanera: Se fundó la Droguería Yopal. Entonces, una mezcla entre trabajo duro y buena suerte hicieron que su emprendimiento saliera adelante. Mi abuelito Pablo y mi abuelita Marichú marcaron un antes y un después. Le dieron la oportunidad a los casanareños de acceder a medicamentos por un precio justo. Gente de todas partes del llano se acercaba a “la droguería de Don Pablito” buscando que le recomendara un remedio para sus dolencias ante un sistema de salud que no funcionaba. Trabajó y trabajó incansablemente hasta los 79 años, pensando en proveer a su familia. Rara vez pensó en sí mismo. Se preocupaba tanto por entregarle felicidad a sus nietos y bisnietos, que pecaba por alcahueta. Nos malcrió, pero lo hizo en su afán por dar amor. Mi abuelito era tan noble, que muchas personas se aprovecharon de él y de su buena voluntad. Esa fue otra enfermedad contra la que tuvo que luchar a lo largo de su vida.

Gracias a los yopaleños porque sé que le guardaban un cariño sincero y que oraron por su salud hasta el último momento. Hoy, el mundo se despide de uno de los buenos. Mi abuelito se va con la seguridad de que no va a ser olvidado. Descansa en paz, mi viejito. Qué honor es haber sido tu nieta.

Me quedo con este recuerdo de ti.

 

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