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Jueves, 23 Abril 2026 09:18

Desde la reflexión y la memoria histórica: Mauricio Jiménez, ex alcalde de Aguazul

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Desde la  clandestinidad y en una evidente situación de desespero, el ex alcalde de Aguazul,  Mauricio Jiménez Pérez, envió un comunicado a la opinión pública en donde detalla la situación que ha venido afrontando desde que fue condenado por «concierto para delinquir» y «autoría por omisión en posición de garante» en la desaparición forzada de dos ciudadanos de Aguazul, convirtiéndose en el único exalcalde de Colombia condenado bajo esta figura jurídica.


"Hoy escribo estas líneas desde el silencio de una profunda y reflexiva soledad. Me acompaña una tristeza que no se puede ocultar, pero también el firme propósito de hablarle al corazón de mi comunidad.No busco con estas palabras eludir responsabilidades ni justificar el pasado.


Mi intención es mucho más profunda: ofrecer contexto. En tiempos de paz y de juicio, es fácil olvidar la crudeza de los días oscuros, pero quien no conoce su historia está irremediablemente condenado a repetirla.La guerra tiene matices que solo quienes la transitaron comprenden en su total magnitud.

Mi mensaje hoy es una invitación a la reflexión.


La memoria para que los errores del ayer sirvan como advertencia y no como destino.La memoria como escudo: Una verdad que Aguazul no puede olvidar.

Los invito, de todo corazón, a detenerse un momento en estas líneas. Las comparto con el mayor respeto, pero también con la urgencia de quien busca que la verdad encuentre eco en la conciencia colectiva de mi pueblo.

Escribo para las nuevas generaciones; para quienes no crecieron bajo el peso del plomo y el miedo. Lo hago para que la historia no se cuente a medias.

Es imperativo refrescar la memoria: la tragedia en Aguazul no empezó ni terminó con mi nombre. Fue un incendio que consumió a nuestra región durante décadas; un conflicto donde gobernantes y ciudadanos fuimos abandonados a nuestra suerte por un Estado ausente.

Mi proceso es un testimonio vivo de la justicia selectiva. Inicié siendo imputado por concierto para delinquir y coautoría. Sin embargo, ante la ausencia total de pruebas de participación directa en los delitos iniciales, en la etapa de acusación modificaron la tesis de la condena.


Determinaron que no fui autor intelectual, ni material, ni coautor; sentenciando que mi delito fue concierto para delinquir y autoría por omisión en posición de garante.

Esto me convirtió en el único alcalde condenado bajo esta figura.Es decir, la propia justicia comprobó que fui ajeno frente a la ejecución de los hechos.

Quedó plenamente comprobado que los actores intelectuales y materiales fueron alias "Coplero" y las estructuras de las Autodefensas la propia JEP. Y la judicial ordinaria tienen las pruebas.


Hoy surge una paradoja dolorosa para la reflexión: mientras los ejecutores materiales ya gozan de libertad, sobre un civil recae el máximo rigor de la ley.

Resulta un contrasentido jurídico pretender que un alcalde civil lograra evitar lo que ni el Ejército Nacional, ni la Policía, ni el DAS pudieron contener. Se me castiga por no haber sido un "héroe imposible" en medio de una guerra civil no declarada.

Mientras quienes empuñaron las armas reciben beneficios, el peso de la ley se ensaña con quienes intentamos gobernar en el ojo del huracán. Para entender que la violencia fue un fenómeno estructural y no algo coyuntural a mi mandato, presento las estadísticas oficiales de la Registraduría Nacional (obtenidas mediante derecho de petición). Estas cifras gritan lo que muchos prefieren callar.

Mi compromiso con la verdad no es solo político, es de sangre. No se puede olvidar que mi propio padre, Luis María Jiménez, quien tuvo el honor de ser el primer alcalde de elección popular de nuestro municipio, fue asesinado por los "Masetos" (paramilitares).

Soy, ante todo, una víctima más de esa misma violencia que hoy se me acusa de no haber frenado, como se observa en los datos suministrados por la Registraduría y entes estadísticos, las fluctuaciones en las cifras no guardan una relación de causalidad con los periodos de mi gestión administrativa, sino que representan una constante en la región durante la primera década del siglo XXI.

Esta evidencia técnica desvirtúa cualquier señalamiento que pretenda atribuir la persistencia del conflicto a decisiones institucionales de carácter municipal.

Contexto de Violencia:Víctimas (Homicidios)

Juan Hernando Urrego: 1992 -1994
Hubo 111 homicidios. Este alcalde muy querido fue vilmente asesinado por el ELN.

Carlos Ramírez: 1995 -1997
Hubo 189 homicidios. Se compraban ataúdes y bóvedas por anticipado. El miedo era la ley, yo fui testigo de esa compra.

Alcibíades Salamanca: 1998 - 2000.
Hubo 169 homicidios. Nota: Durante este período, fueron asesinados Carlos Vargas Ovejero y su hermano Henry Vargas, demostrando que nadie estaba a salvo. Incluso el hermano del alcalde Salamanca fue secuestrado por 3 meses.

Entre 2001 - 2003, durante mi período enfrentamos una tragedia humana sin precedentes, de la cual me avergüenzo. Hubo 111 homicidios.

Leonel Torres: 2004 -2007. Guerra entre Martín Llanos (ACC) y los Centauros (AUC). Hubo 175 Homicidios. Todo sin contar a los desaparecidos.


¿Por qué recae este peso únicamente sobre mí? Si la lógica jurídica de mi condena se aplicara bajo el principio de igualdad, todos los alcaldes, gobernadores y comandantes de la Fuerza Pública que me precedieron y sucedieron deberían ocupar este mismo lugar.

En el Aguazul de aquel entonces, disentir o ejercer la autoridad de forma independiente no era un acto administrativo; era una sentencia de muerte.

Mi tragedia no es solo política, es íntima: mi padre, Luis María Jiménez, fue asesinado por el paramilitarismo. Yo mismo perdí a mi familia y mi libertad en este torbellino de violencia.

Vivíamos en un territorio en guerra, abandonados por un Estado central que nos dejó a merced del fuego.

No existían garantías para gobernar sin una pistola apuntando a la nuca.Hoy, con la frente en alto pero el alma herida, convoco a los exalcaldes de Aguazul y Casanare que gobernaron bajo el asedio: reconozcamos, con la vergüenza que dicta la historia, que fuimos superados.

El miedo nos desbordó y la fragilidad humana nos impidió cumplir con la responsabilidad primordial de proteger cada vida.Pido perdón a Dios y a las víctimas.

No por haber empuñado armas pues jamás lo hice, sino por la incapacidad de salvaguardar a mi pueblo en un sistema que nos dejó huérfanos de apoyo estatal.

Este es un acto de contrición que todos los líderes de esa época deberían replicar; el silencio de los demás no los hace inocentes, solo los hace cómplices del olvido.Aguazul merece una verdad sin sesgos.

Si el gobernante es el garante de la vida, la ley debe medir a todos los actores civiles y militares de ese periodo con la misma vara. La justicia que se ensaña con uno solo no es justicia, es persecución.

La paz real solo se construye cuando la verdad es íntegra y no selectiva", dijo José Mauricio Jiménez Pérez, conocido cariñosamente como El Patón.

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